EN BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA DE DIOS

EN BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA DE DIOS 

¿La justicia de Dios es realmente un acto severo que exige la muerte de quien peca? Desde una mirada tradicional y ampliamente extendida, se ha asumido que “la justicia de Dios exige la muerte de los que pecan”[1]. Esta visión, profundamente arraigada en la teología occidental, ha moldeado la percepción de la justicia divina como un principio inflexible que demanda retribución por cada transgresión. Bajo esta perspectiva, la justicia de Dios se interpreta principalmente como un mecanismo de castigo necesario para satisfacer su santidad y perfección. Sin embargo, al leer con atención las Escrituras, descubrimos una comprensión más profunda y matizada de la justicia divina, que va más allá de una simple aplicación de juicio. En la Septuaginta (LXX), la versión griega del Antiguo Testamento, encontramos que los términos “justicia” (o “rectitud”), “misericordia” y “fidelidad” aparecen como conceptos estrechamente relacionados, e incluso casi equivalentes en algunos contextos, lo que nos lleva a reconsiderar la naturaleza de la justicia de Dios desde una perspectiva bíblica más holística.

En lugar de concebir la justicia de Dios exclusivamente como un dictamen punitivo que demanda la muerte del pecador, la Biblia revela que su justicia está intrínsecamente ligada a su propósito salvador y su fidelidad hacia su pueblo. Dios, en su justicia, no solo juzga, sino que la prioridad de su justicia es actuar en amor para redimir y restaurar a los suyos. La estrecha relación entre justicia y misericordia en las Escrituras muestra que la justicia de Dios no tiene como centro la retribución, sino que se manifiesta en su compromiso constante con el bienestar de su pueblo. Así lo vemos en pasajes clave donde la justicia de Dios se presenta como un acto de fidelidad y amor, cumpliendo sus promesas y trayendo salvación en lugar de destrucción. De esta manera, la verdadera justicia divina se revela en su gracia redentora, lo que nos permite entender que su carácter justo es inseparable de su misericordia y fidelidad.

Al hablar y definir la justicia en términos punitivos, se utilizan las categorías lógicas de Dike, que se apartan absolutamente de la categoría lógica de Dikaiosyne. Mientras que la primera se enfoca en la retribución y el castigo, la segunda expresa la fidelidad de Dios y su compromiso restaurador con su pueblo.

Este entendimiento de la justicia de Dios transforma radicalmente nuestra percepción de su relación con la humanidad. La justicia de Dios no debe reducirse al hecho de que Él es un Juez Justo, ya que su justicia es esencialmente relacional. No es simplemente un balance de acciones y consecuencias, sino una manifestación de su fidelidad y amor redentor hacia su pueblo. A través de las Escrituras, observamos que su justicia se manifiesta en acciones concretas de liberación y reconciliación, reflejando su deseo de restaurar la relación quebrantada con la humanidad. De esta manera, entendemos que la justicia divina es una expresión de su compromiso con aquellos a quienes ama, actuando en gracia y verdad para traer restauración y plenitud.


1. Más allá de “la justicia exige”

En la lógica occidental, solemos partir de la idea de que la justicia demanda el cumplimiento de un castigo, una visión influenciada por sistemas legales y filosóficos que enfatizan y reducen a la justicia de Dios a la idea de Dios como juez justo, de la equidad y de lo meramente retributivo. Este enfoque tiende a concebir la justicia como un principio estático e inflexible, que exige la ejecución de un juicio para equilibrar la balanza moral. Sin embargo, al considerar la Escritura, especialmente desde su trasfondo hebreo, encontramos una perspectiva profundamente diferente: una justicia que se revela, tal como lo expresa Romanos 1:17, que es una cita directa de Isaías 56:1. Aquí, la justicia no es simplemente un estándar a ser satisfecho, sino una realidad dinámica que actúa en el mundo, transformando vidas y trayendo salvación. La diferencia es fundamental: mientras que la frase “la justicia exige” evoca la imagen de un juez inmóvil esperando la ejecución de un veredicto, “la justicia se revela” describe a un Dios activo, comprometido en redimir y liberar a su creación caída.

La Biblia nos invita a comprender la justicia de Dios no como una carga inquebrantable que demanda la muerte del pecador, sino como el reflejo de su fidelidad (hebreo emet) y misericordia (hebreo kjesed). Esta visión destaca una justicia centrada en un propósito redentor, una justicia que no está limitada por la retribución, sino que busca restaurar aquello que ha sido roto. A lo largo de las Escrituras, vemos cómo la justicia de Dios no actúa de manera aislada, sino en unión con su amor y gracia, como una expresión de su compromiso eterno con la salvación de su pueblo. Es esta justicia viva y activa la que libera a los cautivos, perdona a los pecadores y cumple sus promesas de redención.

Este capítulo explora cómo la Biblia enfatiza esta segunda perspectiva, mostrando que los conceptos de justicia, misericordia y fidelidad no son opuestos, sino complementarios y, en muchos casos, sinónimos. A través de la revelación divina, entendemos que la justicia de Dios no es un dictamen punitivo, sino una acción redentora que busca restaurar la comunión entre Dios y la humanidad. Al demostrar la profunda relación entre estos términos, este capítulo evidencia que la justicia de Dios, lejos de ser una exigencia que condena, es una manifestación de su gracia que salva. Su justicia no es una barrera para la redención, sino el camino mismo que lleva a su pueblo a la restauración plena y a la esperanza eterna.

Es desde esta perspectiva que podemos acudir a R.B. Girdlestone[2]. De acuerdo a este autor, en su obra Sinónimos del Antiguo Testamento, el término "rectitud" es una mejor palabra en español para traducir Tsedaká (צדקה), en comparación con "justicia," debido a la amplitud de significado que esta palabra hebrea conlleva. En la página 112 de su libro, Girdlestone señala que Tsedaká no implica el cumplimiento de normas legales o retribución, sino que se focaliza en la fidelidad de Dios, su carácter recto y su compromiso con el bienestar de su pueblo. La palabra "rectitud" refleja con mayor precisión el sentido original del hebreo, ya que implica una conducta alineada con la voluntad divina, en la cual Dios actúa conforme a su carácter justo, fiel y misericordioso. Esta elección de traducción permite captar mejor la esencia de la justicia bíblica, que no se focaliza y/o limita a la idea de juicio o castigo, sino que incluye elementos de gracia, misericordia y fidelidad.

En la misma línea de pensamiento, el erudito Heinrich Denifle[3] realizó una exhaustiva investigación acerca de la interpretación histórica de la justicia de Dios en la tradición cristiana. Según su análisis, revisó los comentarios de 60 escritores influyentes de la Iglesia latina, abarcando desde el siglo IV hasta el siglo XVI, tanto en textos impresos como en manuscritos. Denifle concluyó que “ni uno solo había entendido por justicia de Dios la justicia que castiga”. Esto sugiere que, durante más de un milenio de reflexión teológica, la justicia divina fue concebida no como una demanda de castigo retributivo, sino como una manifestación de la fidelidad y rectitud de Dios hacia su pueblo. Su hallazgo, citado por Lucien Febvre en su obra Martín Lutero: Un Destino, resalta cómo la comprensión histórica de la justicia de Dios estaba más centrada en su gracia redentora que en la retribución.

Estos estudios refuerzan la idea de que la concepción de la justicia de Dios en la Escritura no debe entenderse desde una perspectiva punitiva, sino como un acto de restauración y fidelidad a sus promesas. La noción de Tsedaká como "rectitud" nos invita a reconsiderar la forma en que interpretamos la acción divina en la historia, destacando su compromiso constante con la redención y el bienestar de su pueblo antes que su ira o castigo.


2. Justicia como fidelidad a la Palabra divina

Si preguntáramos a un abogado qué es la justicia, la respuesta habitual podría ser: “dar a cada uno lo que merece”. Esta definición, arraigada en la tradición legal romana, encuentra su expresión en la célebre cita de Ulpiano, quien la describe como “la constante y perpetua voluntad de conceder a cada uno su derecho”[4]. Bajo esta perspectiva, la justicia se fundamenta en la distribución equitativa de derechos y deberes según los méritos individuales. Sin embargo, un análisis más profundo revela que esta concepción se basa en la intervención de alguna autoridad humana o sistema legal que define qué merece cada cual. Es precisamente en este punto donde se genera un contraste fundamental con la perspectiva bíblica, ya que la justicia de Dios no depende de criterios externos ni de estándares humanos cambiantes, sino de la propia fidelidad inmutable de Dios.

Siguiendo la reflexión de Maturana[5], quien señala que “lo dicho siempre es dicho por alguien”, podemos comprender que la justicia divina no es el resultado de un consenso externo, sino la expresión de la lealtad de Dios a su propia palabra y promesas. En este sentido, la justicia de Dios se concibe como su fidelidad inquebrantable a Su Nombre y a lo que Él mismo ha declarado. Dios es justo porque es leal a sí mismo, lo que significa que su justicia se manifiesta en su misericordia y en su fidelidad hacia su pueblo. Por eso, es incorrecto pensar en la justicia divina como una mera aplicación de normas punitivas; más bien, la Biblia nos muestra que la justicia de Dios está estrechamente ligada a su amor y su gracia redentora. La justicia de Dios no solo debe pensarse desde su santidad, sino desde su fidelidad y su misericordia”, lo que implica que su justicia es una extensión de su amor leal y eterno. Esto iría en contraposición a lo planteado por Erickson al pensar a la justicia de Dios desde Su santidad y a Su santidad desde la ira[6].

Lamentablemente no se ha considerado que incluso la santidad de Dios puede ser entendida desde la fidelidad de Dios, así el decir que Dios es santo se posible entender que Dios solo acepta lo que viene de Él y como consecuencia rechaza todo aquello que no es de Él.

De esta manera, la Biblia nos enseña que la justicia de Dios no es una entidad abstracta ni un principio de retribución impersonal. Al contrario, su justicia está entrelazada con la salvación, de la misma manera en que en el Nuevo Testamento la gracia y la salvación son presentadas como inseparables. La esencia de la justicia divina, por lo tanto, no se basa en un principio legalista de retribución, sino en el compromiso inquebrantable de Dios con su pueblo. Él actúa en base a su amor leal, cumpliendo sus promesas de redención y restauración, demostrando así que su justicia no es un obstáculo para la salvación, sino el fundamento mismo de su obra redentora.


3. La justicia divina en el Antiguo Testamento: Tsedaká y su trasfondo

La mayoría de las definiciones de la justicia de Dios se han sostenido, erróneamente, sobre la infracción humana y el castigo que merecería. Esta visión, profundamente influenciada por sistemas jurídicos humanos, ha llevado a concebir la justicia divina como una respuesta punitiva ante la desobediencia, donde el énfasis recae en la retribución y la consecuencia del pecado. Sin embargo, esta interpretación parcial no refleja la revelación que se encuentra en las Escrituras, que presentan una perspectiva mucho más amplia y rica de la justicia de Dios. A lo largo de la Biblia, la justicia divina no se define en términos de juicio o castigo, sino que se interpreta a partir de su misericordia, revelada en su inquebrantable fidelidad a su pueblo. Al hablar de la justicia de Dios en las Escrituras, ésta plantea que la justicia actúa principal y activamente para restaurar y redimir, mostrando que Su carácter justo es inseparable de su amor y compasión.

De esta manera, la justicia de Dios no solo debe ser pensada desde su santidad y ésta desde su ira, como plantea Millard Erickson, sino desde su fidelidad y su misericordia. Si bien la santidad de Dios es un atributo fundamental que refleja su perfección moral y su separación del pecado, no es el único prisma a través del cual debemos comprender su justicia. La Biblia nos muestra repetidamente que la justicia divina está intrínsecamente ligada a su fidelidad a sus promesas y a su disposición misericordiosa hacia su pueblo. Dios, en su relación con la humanidad, no actúa simplemente como un juez severo que demanda conformidad a su santidad, sino como un Dios fiel que cumple su pacto con amor y gracia.

Así como la justicia de Dios ha de entenderse a partir de su Fidelidad, lo mismo ocurre con la santidad de Dios, ya que al decir que Dios es santo debemos entender que Dios solo acepta lo que es de Él, y por lo tanto rechaza, como una cuestión colateral todo aquello que no es de Él.

Cuando Dios se relaciona con sus criaturas, lo hace a partir de su fidelidad para consigo mismo, es decir, en total coherencia con su carácter inmutable y su compromiso eterno consigo mismo y por ende los suyos. Su justicia, por lo tanto, no es una mera aplicación de normas abstractas, sino la manifestación de su amor leal, que busca redimir y restaurar antes que castigar. La Escritura nos revela que la justicia de Dios se expresa en actos concretos de liberación, perdón y restauración, demostrando que su fidelidad es el fundamento sobre el cual construye su relación con su pueblo. De este modo, pensar la justicia de Dios únicamente desde “Dios es juez justo” sería limitar la riqueza y profundidad de la justicia de Dios, mientras que considerarla también desde su fidelidad y misericordia nos permite apreciar su verdadero propósito redentor.

La justicia de Dios, por tanto, tiene un propósito redentor, orientado a la salvación de su pueblo[7]. Este enfoque bíblico destaca que la justicia de Dios no es una reacción fría y distante a la maldad humana, sino el cumplimiento fiel de sus promesas de salvación. En este sentido, su justicia se manifiesta como un compromiso activo con la redención, donde su misericordia y fidelidad trabajan en conjunto para traer restauración y vida. Las Escrituras nos muestran repetidamente que la justicia divina está ligada a la relación de Dios con su pueblo, guiada por su amor leal y su deseo de reconciliación. Así, en lugar de enfocarse en el castigo merecido, la justicia de Dios debe ser entendida como la expresión de su fidelidad eterna y su plan de salvación, que busca atraer a los suyos de regreso a su presencia y restaurar lo que ha sido perdido. La justicia de Dios es esencialmente la coherencia entre los dichos y los hechos de Dios.

3.1. La noción griega de Dike vs. la justicia bíblica

Por otra parte, desde el mundo de la abogacía, influenciado por los escritos de filósofos griegos y la herencia del escolasticismo, se ha sostenido que el origen de la palabra "justicia" (Dikaiosyne) se encuentra en el término griego Dike (δικη). Lamentablemente, esta perspectiva ha ejercido una influencia negativa en la lectura e interpretación de las Escrituras, particularmente en los traductores y defensores de la fe cristiana desde la Reforma. La asociación entre la justicia de Dios y Dike ha dado lugar a una comprensión reduccionista y retributiva de la justicia divina, alejándola de su verdadero significado bíblico. Esta visión, que enfatiza la retribución y el castigo, ha opacado el carácter restaurador y redentor de la justicia de Dios, moldeando la teología en una dirección que no refleja plenamente la revelación bíblica.

A lo largo de la historia, la influencia de la filosofía griega ha llevado a interpretar la justicia como un principio basado en la equidad estricta y la proporcionalidad del castigo, reflejando la concepción mitológica de Dike, quien, según la tradición griega, personificaba la venganza, siempre lista para ejecutar sentencia sobre los infractores de la ley. Esta cosmovisión ha permeado la teología cristiana occidental, haciendo que la justicia de Dios sea vista principalmente como una demanda de retribución ineludible. Sin embargo, una lectura cuidadosa de las Escrituras revela que la justicia divina, expresada en el concepto hebreo de Tsedaká (צדקה), no se centra en el castigo, sino en la fidelidad de Dios a su pacto, su misericordia y su gracia. Teniendo a Verbrugge[8] como apoyo, se plantea que el verdadero sentido de la justicia en la Biblia es mucho más amplio y profundo que el concepto griego de retribución, abarcando el compromiso fiel de Dios con su pueblo y su deseo de restauración y redención.

La adopción de Dike como modelo interpretativo de la justicia de Dios ha generado consecuencias teológicas significativas, influyendo en la forma en que se han traducido y comprendido pasajes claves de la Biblia. Durante la Reforma, muchos traductores, al basarse en categorías jurídicas heredadas de la filosofía griega, interpretaron la justicia de Dios en términos de juicio retributivo, dejando en segundo plano su dimensión de gracia y restauración. Esta interpretación ha llevado a enfatizar una imagen de Dios como juez severo, más que como un Padre fiel que busca la redención de sus hijos.

En contraste, la visión bíblica de la justicia, tal como se revela en el Antiguo y Nuevo Testamento, presenta a Dios como aquel que "hace justicia" mediante actos de salvación, liberación y fidelidad a sus promesas. La justicia divina no se limita a un principio legal, sino que es una expresión viva del amor y la gracia de Dios, que busca restaurar a los suyos en una relación correcta con Él. La comprensión correcta de la justicia de Dios, entonces, no debe partir de una idea punitiva, propia de Dike, sino de la fidelidad y misericordia reveladas en Cristo, en quien la justicia de Dios se manifestó plenamente para redimir y reconciliar a la humanidad.

En la mitología griega, Dike era una de las hijas de Temis, diosa de las leyes de la naturaleza, y de Zeus, el dios supremo que presidía en el Olimpo[9]. Dike personificaba la retribución en su sentido más estricto y punitivo, siendo representada con una espada en mano, lista para herir y traspasar a todo aquel que no cumpliera con las leyes establecidas por sus padres[10]. Su figura simbolizaba un orden inquebrantable, donde la transgresión era respondida con una retribución inevitable. Esta visión de la justicia como un acto vengativo, de represalia inmediata y necesaria influyó significativamente en el pensamiento griego y, posteriormente, en la forma en que se interpretaron ciertos conceptos en las traducciones de las Escrituras. La concepción de Dike enfatizaba un sistema de retribución inflexible, en el que la desobediencia era castigada sin apelación, reflejando una visión del orden social basado en la venganza más que en la restauración.

Es por ello que la palabra Dike, en la versión griega del Antiguo Testamento conocida como la Septuaginta, se utiliza para traducir términos hebreos que, al ser llevados al español, se entienden como "venganza," "causa," o "acusación." Esta elección de traducción refleja la influencia de la cosmovisión griega en la comprensión de la ejecución del juicio divino, otorgándole un matiz legalista y punitivo que no se corresponde en ningún sentido primario con la visión hebrea de la tsedaká (צדקה), la cual engloba la misericordia, la fidelidad y la gracia de Dios. En varios pasajes del Antiguo Testamento, Dike aparece en contextos donde se hace referencia a juicios, disputas legales y actos de venganza o retribución divina, lo que ha llevado a interpretaciones que tienden a enfatizar como primordial a un aspecto colateral de la justicia de Dios, dejando de lado su carácter redentor y restaurador.

El pensamiento hebreo, en contraste con la mentalidad griega, no concibe la justicia como una fría ejecución de un veredicto, sino como la intervención amorosa de Dios en favor de su pueblo conforme a Sus promesas. Sin embargo, la comprensión de Dike como definitoria de la esencia de la justicia de Dios ha influenciado profunda y equivocadamente a la teología cristiana occidental, especialmente en las doctrinas formuladas durante la Reforma, donde la justicia de Dios fue entendida principalmente en términos de retribución y castigo. Esta asociación ha oscurecido la riqueza del concepto bíblico original, que presenta la justicia divina como actos de coherencia entre los hechos de Dios y lo dichos de Dios, de fidelidad y compromiso con la redención de su pueblo.

La justicia de Dios se ha de entender como un concepto relacional, vinculado a su fidelidad hacia su pueblo y su propósito restaurador y redentor, en lugar de una visión punitiva o retributiva. Además, se debe evitar comprende la palabra justicia en relación directa o definitoria a partir de Dike, ya que esta se basa en categorías lógicas distintas a las de Dikaiosyne, que refleja la fidelidad y la restauración divina.

El concepto de Dike en la mitología griega estaba estrechamente ligado a la idea de restablecer el orden mediante la venganza, un principio que se aplicaba en los ámbitos político, social y religioso de la cultura griega. Esta mentalidad se transmitió desde la cultura helenística hasta los primeros reformadores cristianos, influyendo en la forma en que se interpretaron las Escrituras hebreas y griegas. Como consecuencia, la comprensión de la justicia de Dios adoptada por muchos intérpretes comenzó a enfocarse principalmente en su severidad y retribución, dejando en segundo plano los aspectos centrales de la justicia bíblica, como la misericordia y la fidelidad de Dios hacia su pueblo.

Es crucial analizar el uso del término Dike en la Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento, considerando el significado original de la justicia hebrea. De lo contrario, se corre el riesgo de interpretar erróneamente el carácter de Dios, atribuyéndole un enfoque basado en la venganza, cuando en realidad la justicia divina, según las Escrituras hebreas, está intrínsecamente relacionada con la redención, restauración y fidelidad a su pueblo.

Es por estas razones que se hace necesario evitar la influencia de la perspectiva helenística de la justicia de Dios como vengativa al interpretar la Biblia, y en su lugar, basarse en el concepto hebreo, que refleja un Dios cuya justicia está fundamentada en su amor, misericordia y fidelidad.

En la Septuaginta, el término “Dike” aparece en contextos que evocan la noción de venganza, causa legal, acusación o castigo. Esta elección de traducción refleja una influencia cultural helénica en la comprensión de la justicia divina, que en ocasiones se ha interpretado erróneamente como una simple retribución por las faltas cometidas. Sin embargo, al examinar el trasfondo hebreo de la Escritura, encontramos que la justicia de Dios tiene un carácter mucho más amplio y redentor. En el hebreo bíblico, la justicia está estrechamente ligada a la fidelidad y misericordia de Dios hacia su pueblo, un concepto que difiere sustancialmente de la idea griega de un juicio implacable. Mientras que en la cultura griega Dike personificaba una justicia que castigaba a los infractores para restaurar el orden cósmico, la justicia de Dios en la Biblia se presenta como un acto de restauración, basado en su compromiso fiel de redimir y salvar a los suyos.

¿Qué palabras hebreas del Antiguo Testamento se tradujeron hacia Dike en la LXX? Es esencial comprender las palabras hebreas traducidas como Dike en la LXX. El propósito de este trabajo es buscar el sentido original que tenía la palabra Dike, para posteriormente compararlo con el uso de la palabra Dikaiosyne.

Este contraste resalta la necesidad de una interpretación bíblica que supere la influencia helénica y se enfoque en la verdadera naturaleza de la justicia divina, la cual no solo corrige el error, sino que esencialmente busca transformar y restaurar al ser humano en su relación con Dios.

Dike

La palabra Dike (δικη / dikē) se utiliza en la Septuaginta para traducir cinco términos hebreos diferentes, apareciendo un total de 17 veces en diversas ocasiones del Antiguo Testamento. Su uso refleja una variedad de matices relacionados colateralmente [11]con la justicia, como una causa legal y/o la retribución, con una fuerte inclinación hacia el concepto de castigo o venganza en varios contextos. A continuación, se detallan las palabras hebreas traducidas como Dike en la LXX, junto con su significado según Mounce[12]:

  1. Rib (רִיב / rîv)
    Traducido como Dike en pasajes como Lamentaciones 3:58; Job 33:13; Job 29:16; Salmos 35:23; 43:1; 74:22; Amós 7:4; y Miqueas 7:9. Según Mounce, esta palabra corresponde a [8191] y se entiende como “alegato” o “causa legal” (pág. 1041). En estos textos, Dike se asocia con el concepto de un pleito o disputa, reflejando una dimensión jurídica de que conlleva Dike donde se presentan argumentos y se espera un juicio.
  2. Nacám (נָקַם / nāqam)
    Aparece en Éxodo 21:20; Levítico 26:25; Deuteronomio 32:41; 32:43; y Ezequiel 25:12, con la equivalencia de [5933] que significa “venganza” o “castigo” (pág. 997). Aquí, el aspecto colateral del actuación de la justicia toma una connotación retributiva, donde Dike enfatiza la idea de represalia divina ante la transgresión en contra de los enemigos de Dios y de Su pueblo, resaltando la respuesta de Dios frente a la iniquidad.
  3. Din (דִּין / dîn)
    Se encuentra en Salmos 9:4 y 140:12, con la referencia [1907], que denota “caso” o “causa legal.” En estos pasajes, la traducción de Dike sigue reflejando una noción jurídica, en la que Dios es presentado como un juez que defiende la causa de los justos y lleva a cabo su juicio conforme a su fidelidad.
  4. Áyin (דבריך / dᵊvārêḵā)
    Traducida como Dike en Oseas 13:14, esta palabra, según Mounce ([1822]), se refiere a “plaga” o “pestilencia.” En este caso, el uso de Dike sugiere una interpretación en la que el juicio divino se manifiesta a través de calamidades o enfermedades, una idea común en la literatura profética para describir las consecuencias del pecado.
  5. Kjarúts (החרוץ / haḥārûṣ)
    Aparece en Joel 3:14[13], donde Mounce la vincula con [3022], indicando “trinchera,” “zanja” o una “defensa militar.” En este versículo, la LXX traduce Dike enfatizando la noción de juicio decisivo y final, transmitiendo la idea de una sentencia inminente. Joel hace un juego de palabras con Kjarôn (מחרון / maḥarôn), que significa “ardiente ira” (Éxodo 32:12, pág. 940), y que la RV60 lo traduce como “decisión.” Sin embargo, la traducción griega como Dike subraya la severidad del juicio divino, interpretándolo más en la línea de una destrucción definitiva.

Al comparar este pasaje con Éxodo 32:12, donde se lee: «Desiste del ardor de tu ira [kjarôn]», vemos que el término hebreo kjarôn (מחרון) significa “ardiente ira” (según Mounce, [3019, p. 940]).

En el libro de Joel se hace un juego de palabras entre kjarôn y kjarúts. Sin embargo, la Reina-Valera 1960 no refleja este juego al traducir kjarúts como “decisión”. En cambio, la Septuaginta traduce esa palabra como “dike”, lo que conserva la idea de “venganza” y “ardiente ira” presente en el original.

El análisis de estos términos muestra que, en la Septuaginta (LXX), el concepto “dike” se asocia principalmente con la retribución, la venganza y el castigo, lo que ha llevado a entender la justicia de Dios de manera punitiva cuando, por un grave error, se confunde “dike” con “dikaiosyne”. Sin embargo, “dike” y “dikaiosyne” no son sinónimos: el mundo hebreo enfatiza una visión más amplia de la justicia (צדקה / ṣĕdāqāh), donde misericordia (חֶסֶד / ḥesed) y fidelidad (אֱמֶת / ʾĕmet) están íntimamente ligadas, presentando un carácter restaurador que va más allá de la mera retribución legalista que se asocia a “dike” en el contexto griego. Confundir ambos términos no solo resulta inexacto, sino que distorsiona la comprensión de la verdadera naturaleza de la justicia divina.

En la Septuaginta (LXX), el término Dike se utiliza principalmente para referirse a acciones en contra de alguien, resaltando la idea de castigo hacia quienes han violado la ley. En muchos pasajes, Dike se emplea para describir la retribución que reciben los transgresores, mostrando un enfoque basado en la represalia más que en la restauración. Incluso la actuación de Dike es en contra de aquellos que se oponen a la actuación redentora de Dikaisyne.

Esta perspectiva resalta una conexión directa entre la falta cometida y su consecuencia inevitable, donde el infractor recibe el castigo que merece por sus acciones. Debido a la influencia de la mentalidad helenística en la interpretación bíblica, la justicia de Dios ha sido entendida de manera legalista y retributiva, enfocándose en Dios como un Juez estricto que impone castigos conforme a los delitos cometidos, dejando en un plano casi imperceptible su carácter misericordioso y restaurador.

Sin embargo, esta interpretación basada en Dike contrasta con la comprensión hebrea de la justicia divina, que no se limita a la retribución negativa, sino que enfatiza la restauración y la fidelidad de Dios a su pacto. En la cosmovisión bíblica, la justicia no es simplemente una cuestión de castigo, sino esencialmente un acto activo de Dios para salvar, redimir y traer al pueblo de regreso a una relación correcta con Él. Mientras que la perspectiva helénica de Dike pone el foco en la sanción y la satisfacción de una deuda moral, la justicia bíblica está orientada hacia la misericordia, el perdón y la restauración del infractor.

Este matiz es crucial para comprender la verdadera naturaleza de la justicia de Dios, la cual se revela no como un ajuste de cuentas, sino como una manifestación de su amor y fidelidad inquebrantable hacia su pueblo. Así, al interpretar la Escritura, es esencial ir más allá de la influencia de la terminología griega y captar la esencia del mensaje hebreo, donde la justicia de Dios se entrelaza con su misericordia y su deseo de redimir a la humanidad.

3.2. Dikaiosyne: la “justicia” que revela fidelidad y misericordia

Por el contrario, Dikaiosyne (δικαιοσύνη) en la LXX se usa primordialmente para traducir la palabra hebrea tsedaká (צדקה), un término que abarca una dimensión mucho más amplia que la simple retribución legal. En la tradición hebrea, tsedaká se asocia profundamente con la misericordia (kjesed) y la fidelidad (emet), reflejando el compromiso constante de Dios con su pueblo y su disposición a intervenir en favor de los suyos. A diferencia de lo retributivo representada por Dike, la tsedaká de Dios es una expresión de su gracia activa, la cual no solo corrige, sino que también restaura, libera y trae alegría. De hecho, en pasajes como Isaías 61:10 y Jeremías 51:10, la justicia divina se celebra con regocijo, pues no se percibe como un castigo inevitable, sino como la intervención redentora de Dios en favor de los suyos, brindando esperanza y renovación.

En la cosmovisión hebrea, Dikaiosyne no es hija de Dike, sino que se posiciona por encima de cualquier concepto punitivo, revelando la esencia misma del carácter de Dios. La justicia bíblica no se basa en un equilibrio mecánico de obras y consecuencias, sino en la fidelidad de Dios a sus promesas y su acción salvífica a lo largo de la historia de la redención. Cuando la justicia de Dios se manifiesta, no es para imponer castigo o derramar su ira, sino para traer liberación a los oprimidos, justicia a los marginados y esperanza a los quebrantados (Mateo 5). Es una justicia que transforma, que reconcilia y que da vida, en lugar de simplemente ajustar cuentas.

Así, los pasajes del Antiguo Testamento muestran que cuando la justicia de Dios irrumpe en la historia, lo hace con un propósito restaurador. Los oprimidos reciben liberación, los redimidos encuentran misericordia y fidelidad, y su pueblo experimenta el gozo de ser restaurado a una relación plena con Él. Esta perspectiva de la justicia divina nos invita a repensar nuestras nociones de equidad y juicio, comprendiendo que en la economía de Dios, la justicia está inseparablemente unida a su amor redentor y su deseo de establecer un pacto eterno con los suyos.

En las Escrituras hebreas, Dikaiosyne actúa en favor del pueblo de Dios buscando su redención, mientras que Dike siempre opera en contra de quienes se oponen a dicha redención divina. Esta distinción es crucial para comprender la diferencia fundamental entre la justicia bíblica y la concepción griega de Dike como retribución. La Dikaiosyne de Dios es una fuerza activa y transformadora que trabaja para restaurar, liberar y cumplir sus promesas de salvación, mientras que Dike, al ser un concepto ligado a la venganza y el castigo, se aplica en contra de aquellos que rechazan y se oponen activamente a la gracia divina y se resisten a su propósito redentor. La Escritura nos muestra que la justicia divina, expresada a través de Dikaiosyne, está impulsada por el amor fiel de Dios hacia su pueblo, asegurando su bienestar y protección, mientras que el concepto de Dike se utiliza en contextos donde se describe la oposición a los designios divinos y la consecuencia inevitable de tal rechazo.

Por ello, cuando en Isaías 56:1 se proclama que la justicia de Dios se revelará, la intención del profeta no es anunciar un castigo vengativo sobre los pecadores, sino más bien declarar la irrupción de la fidelidad divina en favor de los suyos, pero que tiene implícito una cuestión colateral, la ira sobre aquellos que impiden el actuar redentor de la fidelidad de Dios[14]. La revelación de la justicia de Dios en este contexto se presenta como un acto de gracia y restauración, asegurando a su pueblo que Él cumplirá su promesa de salvación. Esta misma idea es retomada por el apóstol Pablo en Romanos 1:17, donde afirma que “en el Evangelio la justicia (Dikaiosyne) de Dios se ha revelado”, refiriéndose a la resurrección y entronización de Cristo como la manifestación suprema de la fidelidad y el amor del Padre. La resurrección no solo demuestra el poder de Dios para vencer la muerte, sino que también confirma su compromiso inquebrantable de redimir a la humanidad y restaurar todas las cosas conforme a su propósito eterno. Así, la revelación de la justicia divina en el Evangelio no es una amenaza o ejecución de juicio, sino una invitación a experimentar la fidelidad de Dios, que se manifiesta en la redención y la vida nueva en Cristo.


Dike y Dikaiosyne: Retribución y Justicia en la LXX

En la mitología griega, Dike siempre actuaba "en contra" de aquellos que rompían las reglas establecidas por sus padres, Temis y Zeus, quienes representaban el orden y la ley. Siguiendo esta misma lógica, en la Septuaginta (LXX), el término Dike se relaciona con la ira de Dios contra los enemigos de su pueblo, quienes, por extensión, eran considerados enemigos de Dios.

Según la tradición mitológica griega[15], los padres de Dike fueron Zeus y Temis, deidades que simbolizaban las normas y el orden cósmico. Además, se dice que Dike fue la madre de Dikaiosyne (δικαιοσυνη), una figura menor en la mitología griega (conocida como "daimon"), asociada con la rectitud, lealtad y fidelidad.

Sin embargo, en la LXX, el término Dikaiosyne se utiliza para traducir principalmente la palabra hebrea "tsedacá" (צדקתי), un concepto que en el judaísmo moderno abarca las ideas de misericordia y lealtad mutua, usándose casi como sinónimo de gracia.

Según el erudito Pérez Millos[16], para los judíos, la tsedacá:

“… es el favor divino hacia los justos, quienes, por su justicia, no son aniquilados.”

En el mismo párrafo Pérez Millos nos dice que “la ira es la manifestación justa del furor divino contra el pecado que aniquila a los injustos”. Haciéndose una clara distinción entre la ira y la justicia divina. Y desde la perspectiva de este capítulo, la clara distinción sería entre Dike y Dikaisyne.

En la traducción de la Septuaginta, el concepto de Dikaiosyne adquiere un nuevo significado, ya que no solo se emplea para traducir tsedacá, sino que también se utiliza para expresar otras palabras que describen la esencia de Dios. Sorprendentemente, Dikaiosyne también traduce otro término hebreo fundamental: misericordia (חסד, khesed).

La Relación Entre Misericordia y Justicia en las Escrituras

En las Escrituras, la relación entre los conceptos de misericordia y justicia ha sido objeto de profundo análisis teológico. El término hebreo חֶסֶד (khesed), comúnmente traducido al español como "misericordia", aparece 11 veces en el libro de Génesis. Sin embargo, un examen detallado de la Septuaginta (LXX) revela que en solo 6 de esas ocasiones khesed se traduce al griego como eleos o su derivado eleēmosýnē, ambos con el significado de "misericordia". Curiosamente, en las 5 ocasiones restantes, el término es traducido al griego como dikaiosýnē, que significa "justicia".

Este hecho constituye un argumento sólido para sostener que, en las Escrituras, la misericordia y la justicia divina están estrechamente relacionadas e incluso pueden considerarse sinónimas en ciertos contextos bíblicos. La traducción de khesed como dikaiosýnē se encuentra en pasajes claves tales como:

  • Génesis 19:19
  • Génesis 20:13
  • Génesis 21:23
  • Génesis 24:27
  • Génesis 32:10
  • Éxodo 15:13
  • Éxodo 34:7
  • Isaías 63:7

El hecho de que la misericordia pueda expresarse a través del concepto de justicia en la traducción griega sugiere una comprensión más amplia de la naturaleza de Dios, en la cual su justicia incluye actos de fidelidad y bondad hacia su pueblo.

Otro término relevante en este análisis es אֶמֶת (emet), que significa "fidelidad" o "verdad". Este vocablo también ha sido traducido como dikaiosýnē en la LXX, destacando su relación con la justicia divina en pasajes como:

  • Génesis 24:49
  • Éxodo 18:21
  • Josué 24:14
  • Isaías 38:19
  • Isaías 39:8
  • Ezequiel 18:87
  • Daniel 8:12

Este uso refuerza la idea de que la fidelidad de Dios es parte integral de su justicia y no un concepto separado.

Además, el término hebreo צְדָקָה (tsedaká), que se traduce mayoritariamente como "justicia", también ha sido traducido en la LXX con diversas connotaciones. En varias ocasiones, tsedaká es traducido como eleēmosýnē, "misericordia", como se observa en los siguientes pasajes:

  • Deuteronomio 6:25
  • Deuteronomio 24:13
  • Salmos 24:5
  • Salmos 33:5
  • Salmos 103:6
  • Isaías 1:27
  • Isaías 28:17
  • Isaías 56:1
  • Isaías 59:16
  • Daniel 9:16
  • Ezequiel 18:19
  • Ezequiel 18:21

En otro contexto, tsedaká se traduce como eufrosýanē, que significa "alegría", en Isaías 61:10, y como "juicio a favor" en Jeremías 51:10.

Estas variaciones en la traducción reflejan la riqueza semántica de los conceptos de justicia y misericordia en la Biblia, mostrando que estos términos, lejos de estar en oposición, se complementan y se entrelazan para revelar el carácter redentor y restaurador de Dios.

En conclusión, el análisis de las traducciones hebreo-griego de términos como khesed, emet y tsedaká en la LXX sugiere una profunda interconexión entre misericordia y justicia en la teología bíblica. La enseñanza escritural nos muestra que la justicia de Dios no puede entenderse separada de su misericordia, sino que ambas reflejan su amor fiel y su compromiso con su pueblo.

4. Volviendo a la mitología griega,

Dike era la diosa que portaba una espada desenvainada en una mano y una balanza en la otra[17]. Aunque desde el Renacimiento se la representa con los ojos vendados[18], en la Antigua Grecia su mirada se comparaba con la del águila.

Dike, como hija de Zeus, mantenía una relación cercana con su padre: siempre estaba atenta a sus órdenes y hería con su espada a quienes infringían la ley. Sin embargo, no se menciona la relación que Zeus tenía con su nieta Dikaiosyne.

De hecho, los dioses del Olimpo no conocían el concepto de Dikaiosyne, pues esta palabra hacía referencia a la integridad y coherencia, cualidades que no se manifestaban en su comportamiento. Esto pone en evidencia la falta de aprecio por la Dikaiosyne en la sociedad griega, reflejada también en la forma en que los mitos describen a los dioses: seres poderosos, pero con claros desaciertos morales y carentes de una conducta íntegra.

En el mundo de los hebreos la situación es muy diferente. En sus Escrituras, la relación estrecha del Dios de los hebreos no se da con la palabra Dike, sino con Dikaiosyne. Se observa, por ejemplo, que en el Antiguo Testamento Dike se utiliza para referirse a la espada de la “venganza” de Dios (LXX Lev 26:25: “μαχαιραν ἐκδικουσαν δίκην διαθήκης” (machairan ekdikousan díkēn diathḗkēs) y a la retribución contra quienes aborrecen al Señor (LXX Deut 32:41: “ἀνταποδώσω δίκην τοῖς ἐχθροῖς” (antapodōsō díkēn tois echthrois). También se emplea para describir la “acusación” contra los hombres, así como el “juicio” que se ejecuta contra los enemigos de Dios (Amós 7:4), asociado finalmente con la “matanza”. De hecho, la palabra Dike traduce términos hebreos que aluden a venganza, acusación, ejecución de juicio y matanza.

Por otro lado, en el Antiguo Testamento, Dios es conocido como el Dios de Dikaiosyne, es decir, el Dios de la Justicia. Así, Isaías 56:1 proclama que la justicia de Dios (Dikaiosyne) se revelará cuando aparezca el Mesías. El apóstol Pablo señala que fue precisamente esta justicia de Dios la que se manifestó en la resurrección del Mesías (Romanos 1:17). Además, para Pablo, el Reino de Dios consiste en Justicia (Dikaiosyne), Paz y Gozo (Romanos 14:17). Incluso Jesús insta a sus seguidores a buscar primero el Reino de Dios y su justicia (Dikaiosyne) (Mateo 6:33).

De este modo, Dikaiosyne no sólo desplaza a Dike de la posición que ocupaba ante Zeus, sino que, junto con la Fidelidad, la Misericordia y/o el Amor, se cuenta entre las palabras que las Escrituras utilizan para definir la esencia de Dios. Conviene enfatizar que es Dikaiosyne quien define la esencia de Dios y no Dike. En la cosmovisión hebrea, Dikaiosyne adquiere un nuevo sentido, se resignifica y ocupa el primer lugar en importancia dentro del lenguaje de la Septuaginta, junto a términos como Misericordia y Fidelidad. Así, se convierte en un concepto determinante de la naturaleza divina en las Escrituras hebreas.

Cabe destacar que, en el uso hebreo, aunque Dikaiosyne es un vocablo de origen griego, ya no se presenta como “hija” de Dike ni se subordina a ella. Por el contrario, en el contexto hebreo, Dikaiosyne actúa a favor del pueblo de Dios, protegiéndolo de cualquier Dike (acusación, castigo o venganza). En la visión hebrea, Dikaiosyne está por encima de Dike, de modo que esta se somete a aquella.

En las Escrituras hebreas, Dikaiosyne siempre obra a favor de los suyos, jamás en su contra. Dike, en cambio, se refiere a la acción en contra de quienes se oponen a la voluntad de Dios y nunca se utiliza en un sentido positivo. Por ello, los oprimidos son quienes experimentarán la Dikaiosyne de Dios; pero esa misma Dikaiosyne, en favor de los redimidos, se convertirá en Dike (ira, castigo, venganza) para los opresores.

En conclusión, lo central de la palabra Dikaiosyne es que, cuando actúa, se revela la Fidelidad de Dios a sus promesas, basada en el Amor de Su Nombre y orientada hacia la gloria divina.

5. La justicia de Dios revelada en el Evangelio

La clave está en Romanos 1:17, donde el apóstol Pablo retoma Isaías 56:1 para afirmar que la Dikaiosyne de Dios —su fidelidad, misericordia y rectitud— se ha hecho visible en la buena noticia del Cristo muerto, resucitado y entronizado. Este versículo subraya que la revelación de la justicia de Dios en el Evangelio no se basa en una lógica de retribución o castigo, sino en la manifestación de su amor fiel y su compromiso redentor hacia los suyos. La obra redentora de Cristo (es decir, su muerte, resurrección y entronización) no es una manifestación de Dike, entendida como ejecución de ira o venganza, sino que es revelación de Dikaiosyne, que expresa la fidelidad de Dios a sus promesas y su deseo de restaurar a su pueblo en una relación de gracia y amor. La justicia divina revelada en Cristo está profundamente enraizada en el carácter misericordioso de Dios, y su propósito es salvar, redimir y reconciliar, y no condenar o destruir.

Por el contrario, Dike recoge el sentido de juicio y retribución, quedando reservada para quienes persisten en oponerse a los actos liberadores de Dios para con su pueblo y rechazan su llamado redentor. Sin embargo, es fundamental entender que Dike no es la característica esencial que define la naturaleza de Dios ni su primer impulso hacia la humanidad. La Escritura presenta a un Dios cuya primera respuesta es la misericordia, la fidelidad y la gracia, buscando incansablemente la redención de los pecadores antes de la aplicación del juicio. Su justicia, revelada en el Evangelio, es una invitación a recibir su amor y perdón, y no una declaración de condenación inmediata. Así, la revelación de la Dikaiosyne de Dios revelada en Cristo nos muestra que la esencia de Dios es restauradora y redentora, y que su propósito final es traer a su pueblo a la plenitud de vida en comunión con Él.

Por eso podemos parafrasear Romanos 1:17 de diversas maneras, resaltando los distintos matices que encierra la palabra tsedaká en hebreo y su equivalente griego Dikaiosyne:

  • “La misericordia de Dios se revela en la resurrección de Cristo.” Esta paráfrasis resalta el aspecto compasivo de la justicia divina, mostrando cómo Dios, en su amor inquebrantable, extiende su gracia al ser humano a través de la obra redentora de Cristo.
  • “La fidelidad de Dios se revela en la resurrección de Cristo.” Aquí se enfatiza el compromiso inmutable de Dios con sus promesas, cumpliéndolas plenamente en la victoria de Cristo sobre la muerte.
  • “La lealtad de Dios se revela en la resurrección de Cristo.” Esta interpretación subraya la relación de pacto entre Dios y su pueblo, destacando cómo la resurrección es una prueba tangible de Su lealtad y amor eterno.
  • “La alegría de Dios se revela en la resurrección de Cristo.” En esta versión, se resalta el gozo divino al restaurar la comunión con su pueblo, mostrando que su justicia trae vida y celebración en lugar de condena.
  • “La justicia de Dios se revela en la resurrección de Cristo.” La interpretación más directa, pero no menos rica, que abarca todos los aspectos anteriores y demuestra cómo la justicia de Dios es profundamente relacional y redentora.

Todas estas paráfrasis son válidas porque la justicia de Dios, expresada en la palabra hebrea tsedaká y su traducción griega Dikaiosyne, encapsula una riqueza de significados que van más allá de una concepción legalista. Abarcan misericordia, fidelidad, amor leal, gozo y restauración. La resurrección de Cristo es la máxima manifestación de esta justicia divina, que no solo cumple con la promesa de redención, sino que también transforma vidas, invitando a toda la humanidad a experimentar la plenitud de su gracia.


Conclusión del capítulo

La pregunta sobre la verdadera naturaleza de la justicia divina invita a profundizar en uno de los pilares más significativos de la fe cristiana. A lo largo de la historia, se ha enfatizado la idea de que “la justicia de Dios exige la muerte de quien peca”, interpretando la noción de justicia en clave punitiva y retributiva. Sin embargo, un acercamiento más amplio al testimonio bíblico revela que los fundamentos de la justicia divina descansan en la fidelidad (hebreo ’emet) y la misericordia (hebreo khesed), antes que en la simple imposición de castigos.

Un aspecto clave para entender esta diferencia radica en la distinción entre Dike (δικη) y Dikaiosýnē (δικαιοσύνη) en la Septuaginta (LXX). Mientras Dike alude principalmente a la venganza y el castigo (sobre todo en contextos de retribución contra los enemigos del pueblo de Dios), Dikaiosýnē traduce el término hebreo tsedaká (צדקה), que conlleva nociones mucho más amplias: amor fiel, rectitud y, sobre todo, la voluntad de restaurar lo que ha sido quebrantado. En este sentido, la justicia divina no se agota en la idea de “dar a cada uno lo que merece”, sino que se centra en “cumplir las promesas de Dios”: perdón, reconciliación y plenitud de vida. En la coherencia entre los dichos y los hechos de Dios

Esta visión se confirma tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, por ejemplo, al citar Isaías 56:1 en Romanos 1:17, muestra que la dikaiosýnē de Dios (entendida como Su fidelidad y gracia) alcanza su plenitud en la muerte y resurrección de Cristo. Así, lejos de ser la confirmación de un Dios que castiga a los pecadores por exigencia de una norma implacable, el Evangelio proclama que la justicia divina es la expresión más alta de la fidelidad de Dios a Su pacto: Él cumple Su palabra, extiende Su favor y ofrece salvación por amor a Su Nombre.

Este enfoque también transforma la comprensión de la santidad de Dios. En lugar de concebirla como simplemente una ira que busca al culpable, la santidad se concibe como la coherencia absoluta de un Dios fiel a Su propio Ser. Efectivamente, Dios acepta lo que es de Él y como consecuencia rechaza cuanto no proviene de Él; y por lo tanto obra con el propósito de atraer a los suyos hacia Su propia esencia santa y amorosa. En consecuencia, la justicia divina es relacional y redentora: un acto de gracia que prioriza la restauración y la comunión, más que la simple punición.

La tradición teológica occidental, influida por la noción griega de Dike, tendió a reforzar la imagen de una justicia centrada en la retribución. Sin embargo, la exégesis bíblica y la interpretación cristiana temprana evidencian que la “justicia de Dios” se comprende mejor como un acto de fidelidad y rectitud, no como la imposición ineludible de sanciones. El análisis de la palabra hebrea tsedaká (y su equivalente dikaiosýnē en la LXX) confirma que el marco punitivo resulta insuficiente y hasta contraproducente para abarcar la riqueza teológica del concepto. De hecho, la Escritura enfatiza que el fin último de la justicia divina es liberar al oprimido, cumplir la palabra divina y reconciliar a Su pueblo consigo mismo.

En conclusión, la justicia de Dios, entendida a la luz de la totalidad de las Escrituras, no se presenta como un simple mecanismo que “exige la muerte” de los pecadores, sino como la manifestación de un Dios que permanece fiel a Su Palabra y cuyo objetivo primordial es la redención y la restauración. La muerte y resurrección y la consecuente entronización de Cristo ratifican que la dikaiosýnē divina se sustenta en la misericordia y la fidelidad, superando la mera lógica retributiva. Así, la verdadera “justicia bíblica” se erige en el núcleo de la salvación ofrecida por el Dios de la Escritura: un Dios coherente consigo mismo, con Su Palabra y Su amor que llama a los suyos a la comunión consigo, brindando la posibilidad de vida plena y reconciliación eterna.

 

 

 


Bibliografía

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  2. Girdlestone, R.B. Sinónimos del Antiguo Testamento. Terrasa (Barcelona): Editorial CLIE, 1986.
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  9. Valdés, M. El Modelo Político de Solón: La aplicación de la Dike y la participación del demos en la politeia. Univ. Complutense de Madrid, 2005.
  10. Salamone, M.A. “Hipótesis sobre el origen etimológico de la palabra díke: la analogía del horizonte.” Logos: Anales del Seminario de Metafísica, Vol. 46, 2013.


[1] Millard Erickson, Teología Sistemática.  Barcelona: Editorial CLIE, 2008. Pag 321

[2] Girdlestone, R.B. Sinónimos del Antiguo Testamento. Terrasa (Barcelona). Editorial CLIE. 1986.

[3] Citado por Febvre, L. Martín Lutero: Un Destino. Madrid. España. Fondo de Cultura Económica, 2004. Pag 36)

[4] Tejada, J.M. A Propósito del Derecho Penal. Dando a cada Uno lo Suyo en el Proceso. Mallorca. España. 2019. Pag. .4

[5] Maturana, H & Varela, R. El Árbol del Conocimiento. Las Bases Biológicas del Entendimiento Humano. Santiago de Chile. Editorial Universitaria. 1984. Pág.13

[6] Millard Erickson, Idem, p.311

[7] Lasor, W.S., Hubbard, D.A. & Bush, F. Panorama del Antiguo Testamento: Mensaje, Forma y Trasfondo del Antiguo Testamento. Buenos Aires/Grand Rapids. Editorial Nueva Creacion. 1995. Lasor cita a Eichrodt, quien advierte “en contra de cualquier concepto de justicia distributiva, tal como se ve en la ley romana, y señala que esto se confirma «en la actividad del Príncipe de la paz de Isaías, que consolida su principado mediante el derecho y justicia (Is. 9.6)”  382

[8] Verbrugge, V. The NIV Theological Dictionary of New Testament Words. (Grand Rapids. Zondervan. 2000) Pag 328

[9] Valdés, M. El Modelo Político de Solón: La aplicación de la Dike y la participación del demos en la politeia.(d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net) Univ. Complutense de Madrid. 2005. (Pág 60)

[10] Salamone, M.A. Hipótesis sobre el origen etimológico de la palabra díke: la analogía del horizonte. Hipótesis sobre el origen etimológico de la palabra díke: la analogía del horizonte. Universidad Complutense de Madrid. Logos: Anales des Seminario de Metafísica. Vol 46. 2013. Pag 309

[11] Este concepto de “colateral” para aplicarlo a la Justicia como consecuencia lo tomo de Jože Krašovec, Dios: Su rectitud y su justicia en el Antiguo Testamento (Spanish Edition) (Publicaciones Kerigma, 2024). Dike sería esa consecuencia colateral de la actuación redentora de dikaiosyne, pero no ha de ser desde donde se define la justicia de Dios entendidad bíblicamente.

[12] Mounce, W.D. Mounce´s Complete Expository Dictionary of Old & New Testament. (Grand Rapids. Zondervan. 2006)

[13] Al comparar con Éxodo 32:12 «Desiste del ardor de tu ira [kjarôn].  En donde se usa Kjarôn (מחרון) Según Mounce corresponde a [3019] “ardiente ira” (Pag 940). Joel hace un juego de palabras entre Kjarôn y Kjarúts que la RV 60 no supo recoger al traducir Kjarúts "Decisión", pero en la LXX lo traduce como Dike, enfatizando la idea original del juego de palabras entre "Venganza" y “Ardiente ira”.

[14] Romanos 1.18 aparece la palabra griege Orge, que es usada en la LXX para traducir el hebreo Kjarôn (מחרון) en Éxodo 32:12  “ardor de tu ira”. Orge (Ira) y Dike (Venganza) pertenecen al mismo mapa conceptual y se pueden intercambiar. Ver Nota 12 anterior sobre el uso de Dike en la LXX en Joel 3:14.

[15] Colombiani, M.M. "Mismidad y Otredad en Hesíodo: De Teogonía a trabajos y días. En torno a la noción del Kosmos". 36558_97892_1_SM.pdf (d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net) Rio de Janeiro, Phoinix, 2010. Pag 30

[16] Perez Millos, S. Comentario Exegético al Texto Griego del Nuevo Testamento: Romanos. Terrasa. Editorial CLIE. Pag 290

[17] 5Ramirez Salazar, Andrés Rodrigo "La dama de la justicia y su representación en el séptimo arte" - Dialnet (unirioja.es

[18] Gonzalez Garcia, J. "La mirada de la Justicia: Ceguera, venda en los ojos, velo de ignorancia". Macado Libros. Madrid. 2016 (Cap 2)

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